lunes, noviembre 08, 2010

EN EL SÉPTIMO DÍA DE LA INCURSIÓN EN GAZA



Refuerzan seguridad en Jerusalén
para evitar desmanes de árabes

Encuestas reflejan apoyo de pueblo israelí a incursiones militares en la franja de Gaza

CARLOS NOVOA S.
Enviado especial

JERUSALÉN. Josef Natsheh es un palestino de unos 40 años. Su puesto de artesanías y alfombras está ubicado en el mercado de Jerusalén Oriental que conecta con la Ciudad Vieja, aquel kilómetro cuadrado en el que se encuentra el Santo Sepulcro, el Muro de los Lamentos y la Mezquita de Al Aqsa, es decir tres de los máximos emblemas del cristianismo, judaísmo e islamismo.
El sol de Jerusalén es de un azul nítido, pero el frío, acecha. Cuatros grados de temperatura marcan el ritmo de lo que es esta ciudad hoy en día,
Josef cuenta que durante el inicio de la segunda intifada los israelíes les exigían cerrar los puestos a la una de la tarde, pero como él tiene seis hijos que mantener, entonces seguía trabajando como podía.
Ahora dice que apoya a los palestinos, pero no puede dejar de trabajar y aprovecha la poca afluencia de gente, entre turistas y locales, que han llegado ayer a Jesusalén.
En los alrededores del mercado, la vigilancia se ha redoblado. En la Puerta de Damasco, por ejemplo, calculamos al menos 200 efectivos, entre soldados y policías. Los rumores de una fuerte protesta han puesto en alerta a la seguridad israelí. Solo unas mujeres con velo lanzan arengas de venganza contra los ataques israelíes en Gaza. Más de 400 muertos y mil heridos es una cifra desproporcionada y que genera la ira del mundo árabe.
Desde adentro de las murallas de la Ciudad Vieja, se escucha el llamado a orar en la mezquita. Es un momento intenso para los palestinos que merodean el lugar ante la retadora mirada de algunos policías y soldados.
“¿Qué puedo hacer yo? Tengo que continuar trabajando para alimentar a mi familia. La afluencia de turistas solo ha bajado un poco y de esto vivimos”, comenta Josef Natsheh mientras bebe su espeso café árabe.
El rezo del viernes ha sido limitado en la Explanada de las Mezquitas donde se encuentra la mezquita de Al Aqsa, impresionante desde su cúpula dorada. De este lugar supuestamente el profeta Mahoma subió a los cielos.

DEL OTRO LADO
Mea Shearim es un barrio de judíos ortodoxos, aquellos que visten de negro, sin afeitarse y con unos rulos en los costados del cabello. Aquí nadie se mueve en la jornada del shabat. Inclusive, si un auto se acerca por ese barrio es repelido como castigo a la falta de respeto al shabat.
Ningún árabe se atreve a pasar por este barrio en los que pululan los comercios y comidas.
Tampoco se trata de un reflejo de lo que es la sociedad en el Estado Judío porque los ortodoxos no reconocen al Gobierno Israelí.
El jueves por la noche se dio a conocer una encuesta en la que los máximos líderes israelíes recibieron el respaldo de la ciudadanía por los ataques en Gaza.
El 95% de los judíos apoya la ofensiva "plomo endurecido" y el 80% lo hace de forma incondicional, según un sondeo publicado por el diario “Maariv”.
Solo el pasado miércoles, el 71% de las personas interrogadas se declaraba a favor de que siguiera la ofensiva aérea, según un sondeo publicado por el diario “Haaretz” que incluye la opinión de la minoría árabe (el 20% de la población), hostil a la operación.
Este resultado no puede resultarle mejor a la ministra de Exteriores, Tzivi Livni, quien también aspira a reemplazar en el cargo al actual jee de Gobierno, Ehud Olmert. Livni ha acentuado su discurso político en las últimas semanas debido a que sus opostores la habían tildado de “candidata débil”. En sus declaraciones acerca de la guerra en Gaza, Livni se ha mostrado, más bien, con mucha seguridad e intentando dar una imagen de autoridad.
ENFOQUE
La máscara de la guerra
Desde 1967, después de la guerra de los Seis Días, la política israelí se ha dividido entre halcones y palomas. Los primeros de la derecha del Likud, poco dispuesta concesiones hacia los palestinos. Los segundos, representantes del izquierdista partido Laborista, siempre han estado más cerca del entendimiento con sus vecinos árabes.
Desde el 2006 algunos disidentes del laborismo y del Likud formaron el partido Kadima, bajo el liderazgo del ex primer ministro Ariel Sharon quien se unió a su ex rival Shimon Peres, hoy presidente israelí.
Es en este contexto que se explican los resultados de la reciente encuesta que subraya el apoyo a las incursiones militares en Gaza.
La ministra de Exteriores Tzivi Livni, tal vez con mayores probabilidades de ganar las elecciones a primer ministro del 10 de febrero, hasta hace poco asomaba como una figura frágil y sin experiencia. Ahora la aprobación popular le reconoce la dureza con la que se ha referido a los palestinos. Igual ocurre con el ministro de Defensa Ehud Barak o con el propio primer ministro Ehud Olmert.
La guerra en Gaza es popular porque así lo reclamaban sobre todo los residentes de Ashood y Sderot, ciudades a 30 y 40 kilómetros de la frontera con Gaza, controlada por los radicales de Hamas, cuyo objetivo es la destrucción del Estado judío.

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