miércoles, marzo 14, 2012

Una periodista catalana abre una rendija al mundo ultra-ortodoxo judío

Ana Cárdenes

Jerusalén, 23 feb (EFE).- La periodista catalana Anna García abre una rendija al mundo ultra-ortodoxo judío en su libro "Orgullosas y Asfixiadas", en el que recorre, de la mano de cuatro mujeres en Israel, los recovecos más íntimos de la comunidad de los haredim o "temerosos de dios".
El territorio de la ultra-ortodoxia judía es uno de los más impenetrables de la sociedad israelí, cerrado a todo aquel que no sea miembro del clan. En ese mundo desconocido, sobre el que planean millones de prejuicios y dudas, ha penetrado la escritora española tras dos años de conversaciones con Raquel, Judith, Jana y Sarah: cuatro mujeres que le han abierto la puerta a unas vidas regidas de principio a fin por preceptos bíblicos.
"El libro da voz a dos mujeres que, orgullosas, entran en el mundo ultra-ortodoxo y otras dos que, asfixiadas, deciden abandonarlo", explica a Efe García durante un paseo por el barrio de Mea Shearim, mítico enclave religioso en el corazón Jerusalén. Bucear en este universo le ha permitido concluir que "las mujeres harediot ("temerosas", término hebreo para denominar a los ultra-ortodoxos, haciendo referencia a sus convicciones religiosas desde el temor a dios) no son mujeres débiles, como puede parecer desde fuera sino que, al contrario, son mujeres muy fuertes que tienen su techo, pero también su lugar importante en la sociedad".
A ellas les pertenece la tarea de "mantener la cadena haredí, hacer que crezca y se fortalezca, mantener viva la comunidad en un mundo en el que lo que importa es el colectivo, no el individuo". Por eso, no tener hijos no se considera un problema de pareja, sino una catástrofe social que toda la comunidad quiere evitar, y el judaísmo permite a un varón divorciarse, si la suya "tiene el vientre cerrado".
El campo de acción de las féminas tiene un límite muy claro, el marcado por las "dos instancias consultoras" presentes en su vida: su marido y su rabino. "Ellas están por debajo de los hombres porque no estudian los textos sagrados. Su función es otra: dar a luz al Ejército de Dios y guiar a los pequeños en una estricta observancia religiosa, imprescindible para que su sociedad se perpetúe y mantenga una vida tradicional judía", explica García.
Las haredim tienen una media de siete hijos, a los que enseñan qué pueden comer y qué no, a orar, colocarse la kipá (solideo) y respetar a rajatabla los incontables preceptos y rituales que marcan la Torá (Pentateuco) y la tradición oral de la Mishná y la Guemará. Es su deber también trabajar, proveer el pan para que sus esposos se dediquen todo el día a estudiar los textos sagrados, porque "es un tesoro tener en casa un hombre sabio". La pureza, la maternidad, el sexo, la solidaridad y también la opresión y límites a la libertad individual pueblan las páginas de "Orgullosas y Asfixiadas", salpicadas de citas bíblicas y que describen, desde puntos de vista opuestos, el día a día de estas hembras que acompañan, mantienen y paren a los "estudiantes eternos".
Raquel (pseudónimo), una madrileña nacida cristiana, y Jana, que vivió en la década de 1970 sumergida en la "Gauche Divine" catalana, defienden con orgullo su opción vital, un camino marcado por la voluntad de Yavé y que es exclusivamente interpretada por los varones de su comunidad. Judit y Sarah, en contraste, narran una vida de opresión y control social que no pudieron soportar. La joven Sarah escapó de la secta Ger, una de las más estrictas, tras años de no poder caminar junto a su marido por la calle ni sentarse a su lado en el sofá en la intimidad del hogar y de ser considerada impura e intocable durante dos semanas al mes. García cree que hoy "no se puede entender Israel sin entender el mundo haredí", que representa ya al 11% de la sociedad y que, según los expertos, dobla sus miembros cada 16 años.
Su relevancia no procede sólo de su cantidad, sino también de su poder político -desde la década de 1970 forman parte de las coaliciones gubernamentales- y de ser la base espiritual de un Estado creado para acoger al pueblo judío. La periodista, que reside en Jerusalén desde 2009 y colabora con el diario catalán Ara, presentará su libro el próximo 29 en la institución Sefarad-Israel (en Madrid) y el 1 de marzo en el Colegio de Periodistas de Barcelona. EFE aca/elb/msr

martes, noviembre 09, 2010

Una limeña en el ejército israelí



HISTORIAS DEL MEDIO ORIENTE

La soldado israelí que llegó de San Miguel

La peruana Susana Vargas, 23 años, es una de los tantos soldados extranjeros que forman parte de la fuerza armada hebrea

TEL AVIV. Hace tres años Susana Vargas pasaba sus días trabajando en Saga de San Miguel, su distrito de siempre. Ella ni se imaginaba cuánto iba a cambiar su vida. Desde hace dos años es parte del ejército israelí.
Si no tuviera el uniforme de soldado, la imaginaríamos como alguna de esas miles de chicas de 23 años que tal vez hoy caminen despreocupadamente por las calles de Lima.
Pero Susana es una soldado de Israel y tras un par de días descanso en Batyam, una ciudad contigua a Tel Aviv, se prepara para regresar a su base en la frontera con Egipto.
Llegó a Israel para conocer a su padre, un judío peruano que vive en Israel, y se instaló junto a sus tías, peruanas de Loreto, quienes como judías están acostumbradas al ritmo de vida en este país, pero jamás olvidan sus tradiciones peruanas. “Si no hubiera sabido que era judía, tal vez nunca hubiera salido del Perú”, enfatiza.
“Lo que más extraño del Perú es la comida. Fue difícil al principio, pero luego me fui acostumbrando, pues al comienzo en el ejército solo comíamos atún, choclo, shawaarma -una suerte sandwich de cualquier tipo de carne, menos cerdo, muy común en el Medio Oriente”, cuenta risueña.
Evita detallar cosas relacionadas con el ejército, como qué tipo de armas usa, qué tipo de entrenamiento tiene o si ha entrado a la franja de Gaza, aunque sugiera que ha estado muy cerca.
“Otra cosa que definitivamente me fue difícil fue aprender el idioma hebreo. Llegué sin saber nada y ahora no solo lo hablo, sino también lo escribo. Si alguien te da una orden y no entiendes porque estás aprendiendo el idioma, entonces te ayudan, te hacen entender de alguna manera”, comenta.
En sus ratos libres, cuando está de permiso, le gusta chatear con sus amigos peruanos e israelíes y aprovecha las herramientas de la tecnología. “El otro día entré a un foro de una página web peruana porque veía que se desinformaba cuando se tocaba el tema del conflicto aquí”.
“Mi madre está en el Perú y espero verla pronto, también extraño a mis amigos y algo de las fiestas. Pero me he acostumbrado al ejército israelí y hoy me siento cómoda por defender a mi país que es este. Uno aprende lo que significa ser israelí, así haya venido con 21 años como me ocurrió a mí”, sostiene.
“La experiencia del ejército israelí es parte de la vida aquí. Los sorprendente es que te encuentras con gente de todo el mundo. Hay argentinos, marroquíes, rusos, peruanos. Esta es la mejor manera de entrar a la sociedad israelí que es muy variada”.
Susana dice que le gustaría seguir su carrera en el ejército israelí. “He encontrado mi vocación, me falta un año más para terminar mi servicio, pero yo quiero seguir, mi mayor anhelo es entrar a la escuela de oficiales y seguir siendo parte de este ejército. Aquí no solo se sirve al país, sino se da la vida peleando por este país”, concluye.

lunes, noviembre 08, 2010

CRÓNICA. EN EL CORAZÓN DE CISJORDANIA





Nablus, la ciudad de la esperanza perdida

Para llegar aquí desde Jerusalén, se atraviesan al menos cuatro controles del ejército israelí

CARLOS NOVOA SHUÑA
Enviado especial


NABLUS, Cisjordania. Lo primero que llama la atención cuando se atraviesa Cisjordania de norte a sur o viceversa, es la cantidad de asentamientos judíos enclavados dentro de territorio palestino. En total son 250 colonias instaladas a lo largo del valle del Jordán.
Eso implica necesariamente la presencia de soldados hebreos cerca y en los alrededores de esas colonias para garantizar la seguridad de aquellos colonos que son ciudadanos israelíes. Entonces, la primera conclusión es clara: La creación de un Estado palestino es inviable con la presencia de los asentamientos que, por otro lado, cuentan con todo tipo de servicio, colegios, supermercados, estación de gasolina, carreteras, etc, pero de exclusivo uso para los israelíes.
Hemos atravesado gran parte del valle del bíblico río Jordán para llegar al campo de refugiados de Balata, en el corazón de Nablus, una de las ciudades palestinas más grandes y donde la tensión alcanzó máximos niveles durante la segunda intifada.
Para llegar a este campo de refugiados, hemos debido atravesar cuatro controles del ejército israelí. Y estamos dentro de territorio palestino. Acompañamos a un equipo de la UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos) que viene a supervisar la entrega de ayuda humanitaria.
En el penúltimo puesto de control, en una zona llamada Zaarata, hemos bajado para tomar fotos. No pasa ni un minuto y dos soldados, un hombre y una mujer, se nos acercan. Nos han escuchado hablar español y uno de ellos, con un inconfundible acento bonaerense, nos dice que no podemos estar allí, ni mucho menos tomar fotos.
Balata es un entrevero de pasajes al cual solo acceden los que viven allí. Además de Juan Solchaga, un español nacido en Zaragoza, miembro de la UNRWA, y de Tarek, que hace las veces de traductor y chofer, nos acompañan dos líderes locales de la zona.
Este es uno de los campos de refugiados creados después de la primera guerra árabe-israelí, en 1948, para recibir a los árabes que salieron de la antigua Palestina, tras la creación del Estado de Israel.
Aquí se instalaron y las Naciones Unidas se encarga de proveerles educación, salud y alimentacón.
Un campo de refugiados es como un asentamiento humano en los conos de Lima. Aquí solo vienen los que viven en la zona y acaso no tienen esperanza de hacer otra cosa. Los hombres se sientan a conversar mientras comparten sus narguilas, pipa tradicional con la que fuman los árabes en el Medio Oriente. Las mujeres cuidan a los niños, van al mercado, cocinan. Todos están viendo por televisión lo que ocurre en Gaza, pero temen protestar fuertemente, lo que ocasionaría la llegada del ejército israelí.
Mientras caminamos por el mercado de Balata, lleno de ambulantes que ofrecen todo tipo de baratijas, noto que las paredes están llenas de posters de mártires que alguna vez se suicidaron en territorio israelí. Los efectos de la intifada.
Dejamos el campo de refugiados y vamos al centro de Naplusa. El ambiente mejora notoriamente, pero sin dejar ese halo de tristeza y resignación entre los 60 mil habitantes de esta ciudad. Ninguno de ellos es libre de salir de Cisjordania. Los que por algún motivo deben ir a Jerusalén o Tel Aviv, necesitan un permiso especial otorgado por el Gobierno Israelí.
Eso sin contar las restricciones que se tiene para movilizarse dentro de la misma Cisjordania, un territorio ocupado por Israel por donde se le mire.

EN EL SÉPTIMO DÍA DE LA INCURSIÓN EN GAZA



Refuerzan seguridad en Jerusalén
para evitar desmanes de árabes

Encuestas reflejan apoyo de pueblo israelí a incursiones militares en la franja de Gaza

CARLOS NOVOA S.
Enviado especial

JERUSALÉN. Josef Natsheh es un palestino de unos 40 años. Su puesto de artesanías y alfombras está ubicado en el mercado de Jerusalén Oriental que conecta con la Ciudad Vieja, aquel kilómetro cuadrado en el que se encuentra el Santo Sepulcro, el Muro de los Lamentos y la Mezquita de Al Aqsa, es decir tres de los máximos emblemas del cristianismo, judaísmo e islamismo.
El sol de Jerusalén es de un azul nítido, pero el frío, acecha. Cuatros grados de temperatura marcan el ritmo de lo que es esta ciudad hoy en día,
Josef cuenta que durante el inicio de la segunda intifada los israelíes les exigían cerrar los puestos a la una de la tarde, pero como él tiene seis hijos que mantener, entonces seguía trabajando como podía.
Ahora dice que apoya a los palestinos, pero no puede dejar de trabajar y aprovecha la poca afluencia de gente, entre turistas y locales, que han llegado ayer a Jesusalén.
En los alrededores del mercado, la vigilancia se ha redoblado. En la Puerta de Damasco, por ejemplo, calculamos al menos 200 efectivos, entre soldados y policías. Los rumores de una fuerte protesta han puesto en alerta a la seguridad israelí. Solo unas mujeres con velo lanzan arengas de venganza contra los ataques israelíes en Gaza. Más de 400 muertos y mil heridos es una cifra desproporcionada y que genera la ira del mundo árabe.
Desde adentro de las murallas de la Ciudad Vieja, se escucha el llamado a orar en la mezquita. Es un momento intenso para los palestinos que merodean el lugar ante la retadora mirada de algunos policías y soldados.
“¿Qué puedo hacer yo? Tengo que continuar trabajando para alimentar a mi familia. La afluencia de turistas solo ha bajado un poco y de esto vivimos”, comenta Josef Natsheh mientras bebe su espeso café árabe.
El rezo del viernes ha sido limitado en la Explanada de las Mezquitas donde se encuentra la mezquita de Al Aqsa, impresionante desde su cúpula dorada. De este lugar supuestamente el profeta Mahoma subió a los cielos.

DEL OTRO LADO
Mea Shearim es un barrio de judíos ortodoxos, aquellos que visten de negro, sin afeitarse y con unos rulos en los costados del cabello. Aquí nadie se mueve en la jornada del shabat. Inclusive, si un auto se acerca por ese barrio es repelido como castigo a la falta de respeto al shabat.
Ningún árabe se atreve a pasar por este barrio en los que pululan los comercios y comidas.
Tampoco se trata de un reflejo de lo que es la sociedad en el Estado Judío porque los ortodoxos no reconocen al Gobierno Israelí.
El jueves por la noche se dio a conocer una encuesta en la que los máximos líderes israelíes recibieron el respaldo de la ciudadanía por los ataques en Gaza.
El 95% de los judíos apoya la ofensiva "plomo endurecido" y el 80% lo hace de forma incondicional, según un sondeo publicado por el diario “Maariv”.
Solo el pasado miércoles, el 71% de las personas interrogadas se declaraba a favor de que siguiera la ofensiva aérea, según un sondeo publicado por el diario “Haaretz” que incluye la opinión de la minoría árabe (el 20% de la población), hostil a la operación.
Este resultado no puede resultarle mejor a la ministra de Exteriores, Tzivi Livni, quien también aspira a reemplazar en el cargo al actual jee de Gobierno, Ehud Olmert. Livni ha acentuado su discurso político en las últimas semanas debido a que sus opostores la habían tildado de “candidata débil”. En sus declaraciones acerca de la guerra en Gaza, Livni se ha mostrado, más bien, con mucha seguridad e intentando dar una imagen de autoridad.
ENFOQUE
La máscara de la guerra
Desde 1967, después de la guerra de los Seis Días, la política israelí se ha dividido entre halcones y palomas. Los primeros de la derecha del Likud, poco dispuesta concesiones hacia los palestinos. Los segundos, representantes del izquierdista partido Laborista, siempre han estado más cerca del entendimiento con sus vecinos árabes.
Desde el 2006 algunos disidentes del laborismo y del Likud formaron el partido Kadima, bajo el liderazgo del ex primer ministro Ariel Sharon quien se unió a su ex rival Shimon Peres, hoy presidente israelí.
Es en este contexto que se explican los resultados de la reciente encuesta que subraya el apoyo a las incursiones militares en Gaza.
La ministra de Exteriores Tzivi Livni, tal vez con mayores probabilidades de ganar las elecciones a primer ministro del 10 de febrero, hasta hace poco asomaba como una figura frágil y sin experiencia. Ahora la aprobación popular le reconoce la dureza con la que se ha referido a los palestinos. Igual ocurre con el ministro de Defensa Ehud Barak o con el propio primer ministro Ehud Olmert.
La guerra en Gaza es popular porque así lo reclamaban sobre todo los residentes de Ashood y Sderot, ciudades a 30 y 40 kilómetros de la frontera con Gaza, controlada por los radicales de Hamas, cuyo objetivo es la destrucción del Estado judío.

El conflicto palestino-israelí


A la fecha se vive una situación de tensa calma en el Medio Oriente a la espera del avance de las conversaciones.

Recordemos la cobertura realizada para El Comercio en enero del 2009 durante la guerra de Gaza.

miércoles, mayo 24, 2006

Una visita a Israel


Latinoamercanos en el Medio Oriente

Una visita a Ramala

Claudita Belfort de Brasil, Margarita Rojas de Colombia y Carlos Novoa de Perú, acabábamos de pasar el checkpoint de Qalandia y la adrenalina estaba altísima. Al fin estábamos en territorio palestino.



Una vista del mercado central de Ramala con todos sus olores, colores y sabores.


Ramala, la sede del Gobierno Palestino, tiene 70 mil habitantes y está dividida de Jerusalén por el muro construido por los israelíes. Para acceder se debe atravesar un puesto de control

Hamas está listo para gobernar

RAMALA. Es domingo y son las 8 de la mañana en el puesto de control de Qalandia. El helado viento contrasta con el fuerte sol que ilumina este sector que divide la parte israelí del ingreso al sector palestino. De un lado el famoso y cuestionado muro o valla que para los israelíes es sinónimo de seguridad, mientras que para los palestinos se trata de un símbolo de opresión.
He pasado el puesto de control junto con decenas de palestinos que vuelven a Ramala. Atravesamos un camino rodeado de enormes bloques de hormigón sin que nadie nos pida nada. Reacciono cuando un caballero de unos 60 años, ataviado con la kefia -ese pañuelo que Yasser Arafat llevaba en su cabeza- me ofrece unos pantalones.
Es un mercado ambulante que por un momento me hace recordar la avenida Abancay, de Lima, en tiempos de caos. Ropa usada, zapatos, juguetes, relojes de dudosa procedencia, recuerdos, dulces, controles remotos en medio de ensordecedores gritos de frases en árabe, tiendas de campaña, construcciones que quedaron inconclusas. Veo de todo un poco mientras avanzo a un paradero de 'sheruts', unas combis amarillas que por 2,50 shekels, medio dólar, nos traslada hasta el centro de Ramala.
Me acompaña Román Abu Sneineh Moriano, un joven que supera los 20 años y estudia Relaciones Internacionales en Israel. ...l es hijo de un árabe de Jerusalén y de madre peruana. Sus padres son médicos y se conocieron cuando estudiaban en la otrora Unión Soviética. Román habla seis idiomas, vivió dos años en Ramala, se considera palestino y envía saludos a su abuela que vive en Lima.
Ramala es la sede de Gobierno Palestino y tiene 70 mil habitantes. Está localizada a 15 kilómetros al noroeste de Jerusalén y, más que una ciudad árabe, parece un barrio más de Jerusalén, salvo, evidentemente, por la cerca de seguridad.

DOS CARAS
La agitada actividad de las zonas aledañas al puesto de control o en el centro de la ciudad, contrasta con la Ramala de clase media alta.
Dos son las figuras predominantes en las paredes de la ciudad. Yasser Arafat, padre de la nación palestina, y el jeque Ahmed Yassin, aquel anciano paralítico de espesa barba blanca que fue muerto por el ejército israelí debido a que se trataba de un peligroso instigador contra los judíos.
Un destartalado taxi nos deja en la oficina del ministro de Información palestino Ahmed Soboh, quien en un casi perfecto español practicado durante sus años de trabajo en España y México, nos da la posición oficial del gobierno.
Al terminar la entrevista, Soboh dispone que un auto oficial nos lleve a la Mukata, el cuartel general que cumple las funciones de palacio presidencial palestino. La Mukata, en árabe significa el distrito, fue el lugar en el que en el 2002 Yasser Arafat fue sitiado durante cinco semanas por el ejército israelí.
Hoy no quedan evidencias del acoso ni la destrucción parcial de este otrora fuerte británico. Por el contrario, las autoridades palestinas cumplen sus actividades con normalidad, mientras en un patio aledaño yace la tumba de Arafat cubierta por la bandera palestina. Unos policías nos dicen que ya estuvimos suficiente tiempo y debíamos salir de la Mukata. Nuestro siguiente destino, el parlamento palestino, allí pedimos hablar con Aziz Duwak, miembro de Hamas y uno de los líderes del próximo gobierno. Su secretaria dice es imposible por falta de agenda.
Entonces, nos dan una dirección en el centro de Ramala. Después de caminar unas 10 cuadras, de nuevo estamos en medio del caos del centro, bullanguero, repleto de comerciantes y comensales que salen de restaurantes que emanan un olor a fritanga, combinado con especies.
Un edificio incoloro, tal vez fue crema. En el primer piso una cabina de Internet, en el segundo una juguería, en el tercero, cuarto y quinto oficinas. De nuevo la figura del jeque Yassin en las paredes. Y en el sexto piso, una oficina que pretende pasar desapercibida se abre de súbito.
Se trata de uno de los dominios de Hamas, la agrupación acusada de terrorismo, pero que hoy es la vedette en la vida política palestina. El máximo vocero y futuro congresista Farhat Asaad nos mira intrigados. Sus asesores nos indican que están muy ocupados definiendo los detalles de su próximo gobierno desde el Parlamento. Pero nuestra insistencia da resultados y Asaad acepta una entrevista.
Al caer la tarde estamos de nuevo en el puesto de control. Esta vez hacemos una regular cola, pero no tenemos mayor problema para volver al lado israelí.

MAS DATOS.
Hoy se presenta el nuevo gobierno Ismail Haniya, designado primer ministro palestino, presentará hoy al presidente Mahmud Abbas al nuevo gabinete formado por integrantes de Hamas.
El plan de Hamas era formar un gobierno de unidad nacional, pero casi todos los partidos rechazaron la propuesta. Al Fatah, el grupo del presidente Abbas, criticó la postura de Hamas de no aceptar una conferencia internacional para intentar retomar el diálogo con los israelíes. Hamas ha designado ministros profesionales que tengan coincidencias con sus ¡postulados ideológicos.

La vida al otro lado del muro

Antes de la Intifada (levantamiento palestino que empezó en el 2000), Belén era una de las ciudades más turísticas del mundo. Ahora los palestinos que viven aquí tienen una diaria lucha por sobrevivir en medio del caos y la imposibilidad de trabajar en Israel

CARLOS NOVOA SHUÑA

BELÉN. He cruzado el puesto de control israelí y nadie me ha pedido nada. El ómnibus parece de turistas, pero solo lleva a una veintena de periodistas latinoamericanos con la inquietud de conocer qué pasa al otro lado del muro, en el lado palestino. He mirado la famosa cerca que divide el lado israelí del palestino y me ha impresionado su estructura de cemento y púas. Apenas se cruza al lado árabe se ve, se huele, se siente otro mundo. Del lado israelí el muro de seguridad está limpio de inscripciones, pero al otro lado, ya en territorio palestino, leo frases que resumen sentimientos de odio. 'Existir es resistir'. 'Israel, pájaro del terror'. 'Paren la guerra'. La entrada a Belén me recuerda el caos de los pueblos jóvenes limeños. Hacinadas calles con paredes sucias y pintadas de todos los colores, harapientos niños en la calle, vendedores ambulantes por doquier, permanente bulla, elocuente desorden. Parece que estuviera en la mitad del camino hacia el cerro San Cristóbal. El odio a Israel no solo se nota en las pintas de los muros, sino también en los afiches con los rostros de líderes de Hamas como el jeque Ahmed Yassin o Abdelaziz al Rantisi, ambos muertos en asesinatos selectivos israelíes, o la figura de Yasser Arafat, considerado en los territorios como el padre palestino. De aquí salieron decenas de kamikazes palestinos que atentaron contra lugares públicos en Jerusalén, apenas separadas de Belén por el cuestionado muro. Los edificios grises de Belén se mezclan con tiendas de comestibles al aire libre, carnicerías que muestran corderos, vacunos y pollos, mientras las mujeres ataviadas con sus oscuros vestidos largos y pañuelos que les cubren el cabello, seleccionan algo para el menú del día. Mientras tanto, viejos y destartalados taxis amarillos, así como viejos ómnibus congestionan las estrechas calles. Para llegar aquí desde territorio israelí tuvimos que negociar con un chofer árabe-israelí, quien se dio el lujo, incluso, de contactarnos con un guía que hablaba español. La única condición fue que al final nos llevara a su tienda para comprar todo tipo de recuerdos. Candelabros, pesebres, llaveros, vasos, etc. Además del guía, dos jóvenes policías palestinos, muy amables, se ofrecieron a acompañarnos y nos dieron una sensación de seguridad. Sin embargo, en realidad pretendían evitar que los vendedores ambulantes se acercaran.

CIUDAD TURÍSTICA
Belén es una ciudad turística y sus habitantes lo saben. Por eso decenas se concentran en los alrededores de la Iglesia de la Natividad, uno de los máximos símbolos del cristianismo. Aquí está el lugar donde nació Jesús y a solo un metro se ubica el pesebre. Decenas de turistas ingresan al templo para cumplir con el peregrinaje cristiano. Adnan Ayesh, un palestino de unos 50 años que se gana la vida como guía, explica cómo funciona el lugar. "Esta Iglesia de la Natividad está dividida por sectores. Hay católicos, armenios y griegos ortodoxos. Por ejemplo, la Capilla del Pesebre es custodiada por los católicos romanos, mientras que en la gruta misma, cada parte tiene sus horarios. Es decir, un día le toca a los armenios, otro a los ortodoxos", comentó. Pero también la Iglesia de la Natividad fue el lugar donde en abril del 2002 hubo fuertes enfrentamientos entre palestinos e israelíes. Las Fuerzas Armadas israelíes sitiaron Belén en busca de milicianos árabes y 13 militantes de Hamas y Yihad Islámica se atrincheraron en la iglesia durante 39 días, conscientes de que los judíos no profanarían el templo cristiano. Al final hubo un acuerdo y los 13 milicianos -algunos acusados de cometer actos terroristas en Israel- salieron de la iglesia, pero tuvieron que dejar la región y fueron deportados a diferentes países de la Unión Europea. Sin duda, la escalda de violencia de los últimos cinco años frenó el flujo de turistas a esta ciudad de 60 mil personas, 60% musulmanes y 40% cristianos. Belén está rodeada de colinas pobladas y zonas de pastoreo. Prácticamente se vive del poco turismo que hay en la zona y de las actividades agrícolas. La desesperación de la gente siente en las calles. Algunos venden lo que pueden, otros simplemente piden limosna. Belén es una ciudad que sufre el 70% de desempleo. De acuerdo con un informe de las Naciones Unidas, uno de cada tres palestinos está desocupado y el 61% de los hogares tiene un ingreso por debajo de la línea de la pobreza.

EFECTOS DE LA INTIFADA
Después de la Intifada (levantamiento palestino que empezó el 28 de setiembre del 2000) el Gobierno Israelí tomó medidas para impedir que los jóvenes suicidas siguieran pasando con facilidad para explotarse en el lado israelí. El muro de hormigón construido para dividir las zonas palestinas de las israelíes frenó el paso hacia el lado judío. La cerca -aún no está terminada- tendrá 650 kilómetros de largo y es un espeso bloque de cemento de ocho metros de altura. La gran mayoría de palestinos trabajaba en Israel en el sector servicios, pero ahora el muro les impide el libre paso. Para cruzar al lado israelí se necesita un permiso especial otorgado por la autoridad israelí. Sin embargo, cuando ocurre un atentado o hay alguna alarma de violencia, simplemente se cierra los accesos y los pocos palestinos autorizados se quedan sin pasar. Hussain Said Al Adar, uno de los policías que nos acompaña, tiene 24 años y siente que vive en una cárcel por el cerco de seguridad. Sostiene que es lo peor que les puede pasar porque ellos quieren dar otra imagen, una buena imagen para que los turistas regresen y, de paso, tengan trabajo y alivien la aguda crisis que sufren. A su vez Adnan Ayesh, el guía que habla español, es más crítico. "Hubo un cambio radical con la llegada de Hamas al poder. Hamas no soñaba con ganar las elecciones, pero la gente votó por ellos, no porque sean radicales, sino porque estaba enojada con la política oficial de Fatah", refiere. Agrega que Fatah, el partido político formado por el mítico Yasser Arafat, "no es malo, pero es antiguo y quienes han estado en el poder no se han portado bien con el pueblo". "Aquí en Belén la gente no tiene para comer, llega ayuda de países árabes, pero la cúpula se lleva toda la plata y los recursos. Ahora el palestino común y corriente piensa que Hamas no es el partido que traerá la paz, pero Fatah siempre decía que la paz llegaría con ellos. Lo intentaron, pero finalmente no pasó nada y ahora estamos peor", señala amargamente Ayesh. Pese a ser una ciudad turística, la presencia de foráneos llama la atención de la gente. Quizá por eso, al salir de la Iglesia de la Natividad una docena de niños se acerca para pedir algunos shékels -la moneda que se usa tanto en Israel como en Palestina-. Un compañero chileno le da una propina a una niña de unos 6 años -me recuerda a mi hija mayor- y de inmediato un policía la maltrata tomándola con fuerza del cabello y retirándola a otro lugar. Intentamos hablar con otro palestino y nos dice, en español, que aquí no hay democracia y que los policías palestinos no lo dejan hablar, que son abusivos y, por eso, el pueblo no los quiere. ¿Cuál será el futuro de los palestinos? Los vaticinios no son muy alentadores si se tiene en cuenta las condiciones en las que viven, con un desempleo que supera el 60%. Además, ahora con Hamas en el poder, se está dejando de recibir mil millones de dólares anuales de ayuda y, por si fuera poco, por el momento no hay ningún atisbo de entendimiento con los israelíes. La tarde empieza a avanzar y es hora de dejar Belén. Antes de partir, mientras camino hasta el punto en que espera el ómnibus que nos devolverá a Jerusalén, escucho las campanas de la Iglesia de la Natividad. Unos minutos después, el inconfundible llamado al rezo que viene desde la mezquita. Pienso que el problema del Medio Oriente no es religioso, sino político.

domingo, marzo 19, 2006

Entrevista FARHAT ASAAD



Vocero de Hamas dice que ellos no son los que lanzan cohetes desde Gaza porque mantienen una tregua hace nueve meses

"El problema de fondo es la ocupación"

Por su manejo del inglés, Farhat Asaad es uno de los voceros más connotados de Hamas. Tiene 44 años, cinco hijos y fue profesor de matemáticas en Ramala. Estuvo 32 meses en prisión. ...l dice que no sabe por qué. Esta entrevista fue hecha antes del ataque a la cárcel de Jericó.


Las autoridades de Israel han dicho que no negociarán con Hamas porque ustedes no los reconocen como estado. ¿Cómo lidiarán con eso?


Primero quiero explicar que Israel no acepta al presidente Mahmud Abbas como negociador pese a todos los acuerdos que se han dado desde 1992. El Gobierno de Israel quiere negociar, pero no con un representante palestino, sino con otro extranjero. Eso significa que Israel no quiere poner fin a la ocupación de los territorios palestinos. Lo que oímos de Olmert (el primer ministro palestino que dijo que continuarían los asesinatos selectivos si Hamas no cede a la violencia) fue una declaración de guerra porque ellos quieren mantener su poder sobre el territorio palestino y transformar nuestra tierra en una gran prisión.


Israel exige que para comenzar a negociar, Hamas reconozca al estado de Israel.


Creemos que el problema no es reconocer la existencia de Israel porque en Oslo, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) reconoció la existencia de Israel, pero ellos no quieren reconocernos. Entonces no estamos viendo el problema de fondo que es la ocupación. Somos el único país en el mundo bajo una ocupación. Si Israel pondría fin a la ocupación, entonces nosotros reconoceríamos al Estado de Israel.


¿Entonces si Israel les da esa respuesta positiva ustedes los reconocerían?


Primero estamos hablando de un conflicto entre varios estados porque tenemos más de seis millones de palestinos refugiados fuera de Palestina. Si ponemos fin a un conflicto entre los palestinos de Cisjordania y el Gobierno de Israel, donde quedarán los refugiados.


¿A dónde piensa que los refugiados deben volver?


Cuando hablamos de un judío es preciso pensar en Estados Unidos o algún otro país, porque ellos tienen derecho de ir a Haifa o Tel Aviv y eso es prohibido para los palestinos que viven cerca de esas tierras. Cualquier persona en el mundo tiene derecho a regresar a su ciudad natal. ¿Por qué los refugiados palestinos serían una excepción?


¿Cuáles serían las fronteras de esa tierra de los palestinos?


Primero estamos hablando sobre fronteras palestinas y sobre fronteras de Israel. Tenemos muchas versiones internacionales que hablan sobre un compromiso para solucionar el conflicto. Pero el primer paso debe ser de Israel.


¿Un primer paso sería la retirada de Israel a las fronteras de 1967?


Sería el fin del conflicto de fronteras. Estamos hablando de la retirada de Israel de todos nuestros territorios ocupados en 1967. Entonces será el Estado Palestino el que debe resolver el asunto de los seis millones de refugiados. Ese problema debemos resolverlo nosotros. Entiendo que la comunidad internacional ya reconoció en 1994 el derecho de los refugiados de tener una patria. Si el Gobierno Israelí acepta, no tendremos problemas con los judíos ni aquí en Palestina ni en cualquier otro lugar.


Usted dice que los refugiados deben volver a cualquier ciudad israelí como Haifa o Tel Aviv o cualquier ciudad que hoy compone el Estado de Israel. ¿Es eso lo que reivindica?


Sí, por qué no.


¿El nuevo gobierno palestino va a trabajar para evitar los atentados suicidas contra los israelíes?


El pueblo palestino no está del lado de la violencia, el pueblo palestino está defendiendo al derecho de tener una nacionalidad y yo creo que somos un movimiento de resistencia al ataque de una fuerza grande. Yo veo que las fuerzas militares israelíes tienen la habilidad de atacar diariamente poblados, de matar a nuestros niños, a nuestro pueblo en todo lugar. Cuando ellos paren de atacarnos pararemos con la resistencia. Cuando hablamos de fuerzas militares con tanques y aviones que atacan a nuestros civiles, cómo podemos hablar de que uno tiene una vida peor. Pienso que el primer paso debe ser detener los ataques israelíes y entonces, a mi entender, nadie va a querer seguir el camino de los ataques suicidas. Quiero explicar que tenemos una hudna (tregua) de hace más de nueve meses. Hamas. Pero ellos amenazan con matar a nuestro primer ministro Ismael Hanyeh, entonces qué hacemos. Creo que ellos están presionando para que Hamas no detenga las operaciones militares contra el pueblo israelí y así puedan decirle al mundo que quieren paz y Hamas la guerra.


¿Pero quién está lanzando diariamente qassams (cohetes) desde Gaza a los poblados israelíes?


Creo que el Gobierno Israelí sabe quiénes son los responsables ataques con qassam. Ellos tienen interés de seguir con el conflicto para justificar su permanencia en Cisjordania.


¿Cómo ve al israelí común, no a los gobiernos o ejércitos, sino a los ciudadanos que hacen su vida normalmente?


El Gobierno Israelí es diferente y no como los demás países del mundo. Todos los israelíes hacen servicio militar y ninguno deja de ser soldado. Ninguno. Cuando yo estaba en prisión una de las administradoras con grado de capitán me preguntó por qué teníamos que matar a las mujeres en los atentados suicidas. Yo le repregunté si era soldado o civil, me respondió civil. Somos más de dos mil palestinos en prisiones controladas por fuerzas militares. Si hablamos de los palestinos nos referimos a una población ocupada, con armas simples para defenderse de las fuerzas israelíes. Es un escenario diferente.

sábado, febrero 25, 2006

Un viaje al Dedo de Galilea


En la parte norte de Israel está la triple frontera. Al este, las alturas del Golán y Siria, mientras al oeste aparece una ciudad libanesa controlada por el Hezbolá

Carlos Novoa Shuña
Enviado especial
METULA (ISRAEL)/MARG EYON (L-BANO). De lejos podría pensarse que esta es una de las zonas más peligrosas del Medio Oriente, pero aunque existe una tensión tácita de una triple frontera, la vida en estas semanas transcurre con calma en este lugar que es conocido como el Dedo de Galilea.

Estamos en Metula, la última ciudad israelí de este lado y ubicada 170 kilómetros al norte de Tel Aviv. Desde unos 500 metros sobre el nivel del mar vemos hacia abajo los condominios de lujo, casas de dos pisos con sus tejados color ladrillo en medio de serpenteantes calles.

A la derecha (al este) las alturas del Golán en el monte Shemona (tiene 2.800 metros de altura). Detrás del Golán ya es territorio sirio. De allí, a solo 40 kilómetros está la capital Damasco.

EN LAS NARICES DEL HEZBOLA
Al otro lado, a la izquierda, a unos 300 metros, sobre una pequeña colina asoman las casas de Marg Eyon, territorio libanés pero absolutamente controlado por la milicia pro iraní del Hezbolá, cuyo objetivo es la destrucción del Estado Israelí. No solo es un control militar, sino tienen el control político de la zona.

Aunque la tensión es evidente, se juega mucho a la provocación. Una camioneta con milicianos se acerca lo más que puede como esperando que los soldados israelíes disparen, pero estos no caen en el juego. Cualquier conato de uno u otro lado desataría una feroz balacera.

Los libaneses acusan a la aviación israelí de violar constantemente su espacio aéreo, los israelíes dicen que es cierto, pero si no lo hacen es peligroso porque, de acuerdo con informes de inteligencia, de allí salen muchos ataques hacia Israel.

En la cumbre de Marg Eyon todo asoma tranquilo, meintras en una mezquita se nota un leve movimiento. Un jeep del Hezbolá avanza y según nos explica el guía lo más probable es que esté filmándonos. Ellos cuentan con muy buena tecnología y son capaces de detectar cualquier movimiento en esta zona de frontera de Galilea, cuya geografía se asemeja a un dedo.

EN BUSCA DE LA CALMA
Metula es un pueblo de cuatro mil habitantes que se dedican básicamente a la agricultura, a la cosecha de manzanas. Aunque está en la frontera, es un lugar de lujo donde una casa puede costar 200 mil dólares. De lejos parece uno de esos paradisíacos balnearios que se ve en Travel Channel. Hoy está tranquilo, está soleado y hay un parque con juegos para niños que no está lleno.

Antes de llegar a Metula hay una ciudad un poco más grande llamada Kiryet Shemona. Se llega por una carretera que es una especie de callejón de Huaylas. Al lado izquierdo la cordillera Neptalí y atrás territorio libanés. Al lado derecho las alturas del Golán.

Kiryet Shemona tiene 24 mil habitantes y durante 32 años ha sido constantemente bombardeada por el enemigo.
Eran Landau es nuestro guía hoy y, como todos los israelíes, ha hecho el servicio militar. "Estamos acostumbrados a esto, pero igual tratamos de que la vida sea mejor cada día. No obstante, tomamos nuestras precauciones".

Kiryet Shemona sabe lo que es vivir bajo tensión, por eso hay decenas de refugios. En su calle principal hay siete refugios en los cuales se puede permanecer hasta tres días.

En estos refugios hay literas, baños y suficiente luz y oxígeno como para hacerle frente a una emergencia. "Aunque ahora cualquier casa en Israel debe tener su refugio, aquí hay algunos que son públicos, porque esta es una ciudad acostumbrada a las emergencias", agrega Landau.

Para llegar a esta zona de la triple frontera hemos pasado una serie de pueblos y lo que más me sorprende es la cantidad de pueblos árabes israelíes (es decir ciudadanos israelíes) e israelíes judíos que están en la zona. Aquí la vida parece normal, mientras avanzamos por la carretera vemos el sector árabe. Los paraderos de ómnibus están atestados de gente con las chicas palestinas sonriendo con sus pañuelos en la cabeza.

Avanzamos un poco y vemos algunos judíos con su kippa, ese pequeño gorro que los caracteriza, aunque la mayoría vestido occidentalmente.

Es decir, esta es una sociedad multiétnica donde se encuentra gente de ascendencia árabe, anglosajona, miles provenientes de la otrora Unión Soviética y hasta de Etiopía. Se trata de mantener la vida con normalidad, por ahora el extremismo está de para.

martes, febrero 21, 2006

A solo 800 metros de distancia

ZUR YIGAL ES UN CONDOMINIO ISRAELÍ DONDE LAS FAMILIAS VIVEN CON APARENTE NORMALIDAD Y ACASO CON LUJO. QALQUIYA ES UNA POBLACIÓN PALESTINA DE DONDE CADA DÍA SALEN 1.300 PERSONAS PARA TRABAJAR

Carlos Novoa Shuña
Enviado especial

ZUR YIGAL, ISRAEL/QALQUIYA, AUTORIDAD PALESTINA. Kfar Sava es una ciudad israelí ubicada 20 kilómetros al norte de Tel Aviv. Desde aquí avanzamos unos diez minutos en ómnibus y llegamos a la aldea comunitaria Zur Yigal, una especie de gran condominio donde se respira la alta calidad de vida israelí al más puro estilo de los barrios de Florida, en Estados Unidos, o si quiere una referencia peruana, como si estuviera en algún barrio de lujo que circunda las playas de Asia.
La increíble diferencia es que esta suerte de paraíso israelí está solo a 800 metros de distancia de la ciudad palestina de Qalquiya, de unos 30 mil habitantes.
Llegamos hasta un puesto de control militar, conocido como 'checkpoint', al lado de la carretera numero 6 de Israel. Son las 5 de la tarde y hay un sol que no quema pero limpia el cielo como anunciando el final de este generoso invierno. Un discreto edificio de dos pisos asoma en medio de gigantescos campos agrícolas divididos por un alambrado de unos seis metros de altura que divide el sector israelí del palestino.
Las casas de los palestinos son como cajas blancas ubicadas una encima de la otra. Qalquiya es una montaña que de lejos parece uno de esos barrios marginales ubicados en algún cerro de Lima, Quito o Caracas. O tal vez una favela de Río de Janeiro.
Parece que hubiera una mezquita cada tanto. Se las divisa desde lejos porque están iluminadas con una luz verde. No nos dejan pasar al lado palestino, pero el jefe del puesto de control sale a conversar con el grupo de periodistas latinoamericanos que me acompañan. Se llama Eial Yial, es teniente y tiene 22 años. Dice que cada día tienen unas 50 alertas de ataques terroristas y por eso han redoblado los controles. Los israelíes nunca pasan al lado palestino. Pero cada día cruzan el puesto unos 1.200 palestinos. La mayoría son albañiles, pero también hay comerciantes y agricultores.
Este es el principal cruce entre Qalquiya y el lado israelí, aunque hay otros puestos de control menores.
En este sector solo hay una cerca de alambres, no es todavía parte del muro de seguridad construido de hormigón que en algunas zonas atraviesa sectores palestinos, lo que ha motivado una fuerte ola de críticas de la comunidad internacional contra el Gobierno Israelí.
Pero para los israelíes la cerca es una cuestión de seguridad. "Si no hubiera cerca, los terroristas palestinos pasarían con libertad absoluta. La cerca tiene cinco años, cuesta pensar que esto fuera un campo abierto", dice el teniente Eial Yial.
Mientras tanto, dos palestinas de mediana edad regresan a su pueblo. Veo cómo muestran sus papeles pare reingresar a Qalquiya ante la atenta mirada de los soldados israelíes.
DEL OTRO LADO DE LA CERCA
El ómnibus da una vuelta y en tres minutos llegamos a Zur Yigal. Hace 11 años no existía este condominio en el que hoy viven unas cinco mil personas. Son unas 200 casas que tienen 330 metros cuadrados cada una, con un área construida de 160 metros cuadrados. El precio promedio es de 100 mil dólares, una cifra relativamente cómoda para la realidad israelí.
Eram Landau es un uruguayo que hace 40 años vive en Israel. Él dice que vino a vivir aquí porque quería darle una alta calidad de vida a su familia. Razón no le falta si vemos los alrededores. Es como el barrio que cualquier padre de familia soñaría para sus hijos. Mucha área verde para respirar aire puro y todo tipo de facilidades para que jueguen los niños. Una escuela en la que los niños caminan despreocupados, corren, saltan y juegan como en cualquier parte del mundo.
Todo parece bien, salvo por un detalle: Detrás de la escuela hay un muro que se prolonga unos metros y sigue con una valla de alambres. Luego vienen unos campos que están dentro de lo que es el territorio de Judea y Samaria, es decir Cisjordania. Mas allá, a 800 metros, la ciudad de Qalquiya.
En los peores años de la Intifada, esta escuela sufría los disparos de algunos francotiradores. Eram cuenta que los propios vecinos suelen formar sus patrullas para defender la zona. Le preguntamos por qué no se va a otra zona más alejada. Dice que siempre luchó por esto y que esta es su casa. Me cuesta creer el abismo tan grande que existe entre este condominio israelí de ensueño y la miseria en la que viven los palestinos a solo 800 metros de distancia.
PARA RECORDAR
Israel comenzó a levantar en junio del 2002 un muro de separación con Cisjordania.
Sin embargo, la construcción supone la anexión a Israel de un 8% de territorio cisjordano, donde además viven unos 10.000 palestinos.
Israel argumenta que se trata de una cerca destinada a protegerlo de ataques extremistas.
La construcción continúa a pesar de que la Corte Internacional de Justicia de la Haya la ha declarado ilegal.