sábado, febrero 25, 2006

Un viaje al Dedo de Galilea


En la parte norte de Israel está la triple frontera. Al este, las alturas del Golán y Siria, mientras al oeste aparece una ciudad libanesa controlada por el Hezbolá

Carlos Novoa Shuña
Enviado especial
METULA (ISRAEL)/MARG EYON (L-BANO). De lejos podría pensarse que esta es una de las zonas más peligrosas del Medio Oriente, pero aunque existe una tensión tácita de una triple frontera, la vida en estas semanas transcurre con calma en este lugar que es conocido como el Dedo de Galilea.

Estamos en Metula, la última ciudad israelí de este lado y ubicada 170 kilómetros al norte de Tel Aviv. Desde unos 500 metros sobre el nivel del mar vemos hacia abajo los condominios de lujo, casas de dos pisos con sus tejados color ladrillo en medio de serpenteantes calles.

A la derecha (al este) las alturas del Golán en el monte Shemona (tiene 2.800 metros de altura). Detrás del Golán ya es territorio sirio. De allí, a solo 40 kilómetros está la capital Damasco.

EN LAS NARICES DEL HEZBOLA
Al otro lado, a la izquierda, a unos 300 metros, sobre una pequeña colina asoman las casas de Marg Eyon, territorio libanés pero absolutamente controlado por la milicia pro iraní del Hezbolá, cuyo objetivo es la destrucción del Estado Israelí. No solo es un control militar, sino tienen el control político de la zona.

Aunque la tensión es evidente, se juega mucho a la provocación. Una camioneta con milicianos se acerca lo más que puede como esperando que los soldados israelíes disparen, pero estos no caen en el juego. Cualquier conato de uno u otro lado desataría una feroz balacera.

Los libaneses acusan a la aviación israelí de violar constantemente su espacio aéreo, los israelíes dicen que es cierto, pero si no lo hacen es peligroso porque, de acuerdo con informes de inteligencia, de allí salen muchos ataques hacia Israel.

En la cumbre de Marg Eyon todo asoma tranquilo, meintras en una mezquita se nota un leve movimiento. Un jeep del Hezbolá avanza y según nos explica el guía lo más probable es que esté filmándonos. Ellos cuentan con muy buena tecnología y son capaces de detectar cualquier movimiento en esta zona de frontera de Galilea, cuya geografía se asemeja a un dedo.

EN BUSCA DE LA CALMA
Metula es un pueblo de cuatro mil habitantes que se dedican básicamente a la agricultura, a la cosecha de manzanas. Aunque está en la frontera, es un lugar de lujo donde una casa puede costar 200 mil dólares. De lejos parece uno de esos paradisíacos balnearios que se ve en Travel Channel. Hoy está tranquilo, está soleado y hay un parque con juegos para niños que no está lleno.

Antes de llegar a Metula hay una ciudad un poco más grande llamada Kiryet Shemona. Se llega por una carretera que es una especie de callejón de Huaylas. Al lado izquierdo la cordillera Neptalí y atrás territorio libanés. Al lado derecho las alturas del Golán.

Kiryet Shemona tiene 24 mil habitantes y durante 32 años ha sido constantemente bombardeada por el enemigo.
Eran Landau es nuestro guía hoy y, como todos los israelíes, ha hecho el servicio militar. "Estamos acostumbrados a esto, pero igual tratamos de que la vida sea mejor cada día. No obstante, tomamos nuestras precauciones".

Kiryet Shemona sabe lo que es vivir bajo tensión, por eso hay decenas de refugios. En su calle principal hay siete refugios en los cuales se puede permanecer hasta tres días.

En estos refugios hay literas, baños y suficiente luz y oxígeno como para hacerle frente a una emergencia. "Aunque ahora cualquier casa en Israel debe tener su refugio, aquí hay algunos que son públicos, porque esta es una ciudad acostumbrada a las emergencias", agrega Landau.

Para llegar a esta zona de la triple frontera hemos pasado una serie de pueblos y lo que más me sorprende es la cantidad de pueblos árabes israelíes (es decir ciudadanos israelíes) e israelíes judíos que están en la zona. Aquí la vida parece normal, mientras avanzamos por la carretera vemos el sector árabe. Los paraderos de ómnibus están atestados de gente con las chicas palestinas sonriendo con sus pañuelos en la cabeza.

Avanzamos un poco y vemos algunos judíos con su kippa, ese pequeño gorro que los caracteriza, aunque la mayoría vestido occidentalmente.

Es decir, esta es una sociedad multiétnica donde se encuentra gente de ascendencia árabe, anglosajona, miles provenientes de la otrora Unión Soviética y hasta de Etiopía. Se trata de mantener la vida con normalidad, por ahora el extremismo está de para.

martes, febrero 21, 2006

A solo 800 metros de distancia

ZUR YIGAL ES UN CONDOMINIO ISRAELÍ DONDE LAS FAMILIAS VIVEN CON APARENTE NORMALIDAD Y ACASO CON LUJO. QALQUIYA ES UNA POBLACIÓN PALESTINA DE DONDE CADA DÍA SALEN 1.300 PERSONAS PARA TRABAJAR

Carlos Novoa Shuña
Enviado especial

ZUR YIGAL, ISRAEL/QALQUIYA, AUTORIDAD PALESTINA. Kfar Sava es una ciudad israelí ubicada 20 kilómetros al norte de Tel Aviv. Desde aquí avanzamos unos diez minutos en ómnibus y llegamos a la aldea comunitaria Zur Yigal, una especie de gran condominio donde se respira la alta calidad de vida israelí al más puro estilo de los barrios de Florida, en Estados Unidos, o si quiere una referencia peruana, como si estuviera en algún barrio de lujo que circunda las playas de Asia.
La increíble diferencia es que esta suerte de paraíso israelí está solo a 800 metros de distancia de la ciudad palestina de Qalquiya, de unos 30 mil habitantes.
Llegamos hasta un puesto de control militar, conocido como 'checkpoint', al lado de la carretera numero 6 de Israel. Son las 5 de la tarde y hay un sol que no quema pero limpia el cielo como anunciando el final de este generoso invierno. Un discreto edificio de dos pisos asoma en medio de gigantescos campos agrícolas divididos por un alambrado de unos seis metros de altura que divide el sector israelí del palestino.
Las casas de los palestinos son como cajas blancas ubicadas una encima de la otra. Qalquiya es una montaña que de lejos parece uno de esos barrios marginales ubicados en algún cerro de Lima, Quito o Caracas. O tal vez una favela de Río de Janeiro.
Parece que hubiera una mezquita cada tanto. Se las divisa desde lejos porque están iluminadas con una luz verde. No nos dejan pasar al lado palestino, pero el jefe del puesto de control sale a conversar con el grupo de periodistas latinoamericanos que me acompañan. Se llama Eial Yial, es teniente y tiene 22 años. Dice que cada día tienen unas 50 alertas de ataques terroristas y por eso han redoblado los controles. Los israelíes nunca pasan al lado palestino. Pero cada día cruzan el puesto unos 1.200 palestinos. La mayoría son albañiles, pero también hay comerciantes y agricultores.
Este es el principal cruce entre Qalquiya y el lado israelí, aunque hay otros puestos de control menores.
En este sector solo hay una cerca de alambres, no es todavía parte del muro de seguridad construido de hormigón que en algunas zonas atraviesa sectores palestinos, lo que ha motivado una fuerte ola de críticas de la comunidad internacional contra el Gobierno Israelí.
Pero para los israelíes la cerca es una cuestión de seguridad. "Si no hubiera cerca, los terroristas palestinos pasarían con libertad absoluta. La cerca tiene cinco años, cuesta pensar que esto fuera un campo abierto", dice el teniente Eial Yial.
Mientras tanto, dos palestinas de mediana edad regresan a su pueblo. Veo cómo muestran sus papeles pare reingresar a Qalquiya ante la atenta mirada de los soldados israelíes.
DEL OTRO LADO DE LA CERCA
El ómnibus da una vuelta y en tres minutos llegamos a Zur Yigal. Hace 11 años no existía este condominio en el que hoy viven unas cinco mil personas. Son unas 200 casas que tienen 330 metros cuadrados cada una, con un área construida de 160 metros cuadrados. El precio promedio es de 100 mil dólares, una cifra relativamente cómoda para la realidad israelí.
Eram Landau es un uruguayo que hace 40 años vive en Israel. Él dice que vino a vivir aquí porque quería darle una alta calidad de vida a su familia. Razón no le falta si vemos los alrededores. Es como el barrio que cualquier padre de familia soñaría para sus hijos. Mucha área verde para respirar aire puro y todo tipo de facilidades para que jueguen los niños. Una escuela en la que los niños caminan despreocupados, corren, saltan y juegan como en cualquier parte del mundo.
Todo parece bien, salvo por un detalle: Detrás de la escuela hay un muro que se prolonga unos metros y sigue con una valla de alambres. Luego vienen unos campos que están dentro de lo que es el territorio de Judea y Samaria, es decir Cisjordania. Mas allá, a 800 metros, la ciudad de Qalquiya.
En los peores años de la Intifada, esta escuela sufría los disparos de algunos francotiradores. Eram cuenta que los propios vecinos suelen formar sus patrullas para defender la zona. Le preguntamos por qué no se va a otra zona más alejada. Dice que siempre luchó por esto y que esta es su casa. Me cuesta creer el abismo tan grande que existe entre este condominio israelí de ensueño y la miseria en la que viven los palestinos a solo 800 metros de distancia.
PARA RECORDAR
Israel comenzó a levantar en junio del 2002 un muro de separación con Cisjordania.
Sin embargo, la construcción supone la anexión a Israel de un 8% de territorio cisjordano, donde además viven unos 10.000 palestinos.
Israel argumenta que se trata de una cerca destinada a protegerlo de ataques extremistas.
La construcción continúa a pesar de que la Corte Internacional de Justicia de la Haya la ha declarado ilegal.

lunes, febrero 20, 2006

Tierra Santa vista desde el aire





Durante dos horas sobrevolamos la mitad del país. Las dimensiones del conflicto se explican por la extrema cercanía de árabes con israelíes, quienes llegan a mezclarse

Carlos Novoa Shuña
Enviado especial
TEL AVIV. Estamos en el aeropuerto de Herzilia, diez kilómetros al norte de Tel Aviv. Es una pequeña ciudad de la costa del Mediterráneo. Suena extraño pensar que vamos a recorrer la mitad del país en menos de dos horas. La idea es que desde el helicóptero veamos las dimensiones tan estrechas de este hermoso país, que en dimensión, incluyendo los territorios de la Autoridad Palestina, es el tamaño de la provincia de Ica.
El viaje para un grupo de periodistas latinoamericanos lo organiza Israel Project, una fundación sin fines de lucro apoyada por sectores privados de EE.UU.
Dos minutos después de partir ya estamos lejos de la costa, vamos de oeste a este, sobrevolamos Kfar Sava, una tranquila ciudad de clase media, de pronto, en un abrir y cerrar de ojos el helicóptero hace un viraje y asoma en toda su dimensión la palestina Qalquiya, de 30.000 habitantes. En este sector el territorio israelí solo tiene unos diez kilómetros de ancho.
Estamos prácticamente encima de Qalquiya, vemos poco movimiento de gente, la mezquita como punto descollante y, por supuesto, la cerca de seguridad israelí, uno de los puntos cruciales del conflicto. Para los palestinos es una gran cárcel que subraya el sufrimiento de su pueblo. Para los israelíes una garantía de vida.
LA POLEMICA LINEA VERDE
Volamos encima de la línea verde, al lado derecho la llanura que lleva al mar, a la izquierda una zona montañosa y, lo más sorprendente, un camino sinuoso en el que se yuxtaponen uno a otro un pueblo israelí con uno árabe. Si no fuera por la cerca de seguridad, no se notaría la diferencia entre Israel y la Autoridad Palestina.
La línea verde es sinónimo de la del armisticio de 1949, que separa las tierras provisionalmente conquistadas por Israel tras la guerra de 1967. Los palestinos reclaman el retiro de los israelíes de este sector para consolidar cualquier negociación y por eso critican con dureza la construcción del muro de seguridad.
El helicóptero avanza, ya llevamos unos quince minutos de vuelo, y no es difícil ver las amplias áreas verdes que de arriba parecen alfombras y, de pronto, de nuevo aparecen algunos pequeños poblados. Unos son condominios de lujo, otros son los famosos kibutz, aquellas comunidades agrícolas o aldeas comunitarias que tienen distintos niveles socioeconómicos.
La guía del helicóptero es la coronela retirada Miri Eisin y nos explica que si miramos a la derecha, vemos Jerusalén y a la izquierda Ramala, la sede del Gobierno Palestino. Aquí se encuentra la Mukata, el famoso cuartel donde Yasser Arafat, el padre de la nación palestina, pasó sus últimos días de vida.
Lo que me sorprende es que en la práctica, Ramala es un barrio más de Jerusalén. Ambas ciudades están muy cerca, a menos de diez kilómetros de distancia, eso solo lo podemos notar desde el aire y sobre la derecha Jerusalén en todo su esplendor. Esta ciudad es la más poblada de Israel, tiene 634.000 habitantes, y la parte histórica, donde confluyen lugares santos para tres religiones -judía, musulmana y cristiana- como el muro de los lamentos, la mezquita de Al Aqsa, la iglesia del Santo Sepulcro o la Vía Dolorosa.
Pero Jerusalén es amplia y tiene barrios ricos y pobres. En el oeste están los barrios árabes y del otro lado la parte judía. Hay un estadio, centros comerciales y carreteras modernas que no tienen nada que envidiarle a las mejores autopistas de Estados Unidos o Europa. Al lado de Jerusalén asoma Belén, también bajo control palestino y encerrada dentro del muro de seguridad.
EN LA MIRA DE GAZA
Pasan cinco minutos y hacemos la primera parada en Sderot, una ciudad fundada en 1955 y de 35.000 habitantes y permanente víctima de ataques con proyectiles desde la franja de Gaza. Viajamos en una camioneta durante cinco minutos y llegamos al puesto militar Nebbi Meri, en la frontera con la franja de Gaza.
Estamos a cincuenta metros de la franja. Un jeep militar patrulla del lado de una cerca de seguridad. Aquí no hay muro, solo un alambrado eléctrico y minas en el camino que están desde 1994. Por esa razón, de Gaza no han salido atacantes suicidas para inmolarse en Israel. Aquí los ataques se lanzan con cohetes Qassam, de fabricación casera.
Regresamos al helicóptero y volvemos al norte, ahora sí alejados de posiciones palestinas. Pasamos por Ashkelon, a once kilómetros de Gaza, seguimos por Nitzanim, Ashdod y ahora sobrevolamos el Mediterráneo y nos acercamos a Tel Aviv.
Es increíble la multidimensionalidad de este país. Dejamos atrás los pueblitos, ultramodernos o antiguos, ciudades palestinas o israelíes, sectores urbanos o rurales. Ahora Tel Aviv asoma en todo su esplendor de modernidad urbana.
Aterrizamos en Herzilia de nuevo. Israel tiene 470 kilómetros de longitud y aproximadamente 135 kilómetros en su punto más ancho. Hemos recorrido la mitad del país en una hora y cincuenta minutos. Tan poco espacio para una de las zonas más conflictivas del mundo.